Imagen, no palabras

Te grito pero no escucho S-T Aún te veo
Silencio Sólo escucho Sólo escucho
El jardín de los silencios Hoy mi voz no tiene sonido S-T
S-T  

 

Imagen, no palabras

 

“Una imagen dice más de 1000 palabras”, reza una máxima publicitaria, que como lógica sigue la artista para la configuración de esta serie, donde  establece una analogía entre la imagen representada y una información que no será mostrada, desde la experiencia comunicativa entre los individuos y la efectividad expresiva de un texto o de una imagen.

Esta serie la conforman escenas que están construidas por letras que no tienen sentido literario sino que estarán de manera inconexa, como en una especie de sinsentido. En muchas ocasiones tenemos en la mente pensamientos e ideas que no somos capaces de escenificar textualmente, pero, en una imagen sí puede representarse. Para la creación de estas obras la artista trabaja sobre la importancia entre la imagen y la palabra, ¿Qué es más importante en: Una imagen o una palabra?

En estas obras retoma el fragmento de acetato como unidad primaria para la construcción de la imagen mayor, pero en esta ocasión lo utiliza como ícono gráfico impreso, letras del alfabeto occidental que solo importan como imagen, como dibujo tipográfico. Ellas en su conjunto no formarán palabra, ni frase alguna. Su sentido funcional, su valor semántico ha sido anulado. No hay palabras que leer, ni frases que entender, todo o supuestamente todo está dicho a través de la imagen.

El proceso de pensamiento son ideas en nuestras mentes que las pensamos en palabras, pero luego estas ideas se representan con imágenes. Mabel concluye que la imagen y la palabra son inseparables.

Desde una expresividad contenida, estas piezas aluden directamente a constantes de la comunicación, por eso su apropiación de los gestos de los tres monos sabios: no escucho, no hablo y no veo. O, del lenguaje de señales de las personas hipo acústicas en algunos libros-objetos, rectangulares y redondos. Algunas de las piezas indagan sobre motivos menos representacionales, más complejos y contradictorios, sobre vicios dentro de los procesos de la comunicación personal y colectiva como el hecho de hablar y hablar sin lograr expresar nada concreto, o gritar y, por supuesto, no poder escuchar al otro.